lunes, 9 de agosto de 2021

FRASES DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

 
FRASES DE DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO



“Se nos habla de gauchos… la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esa chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”. Carta de Domingo F. sarmiento a Bartolomé Mitre. 20 de septiembre de 1861.


“Enseñaríamos a leer en Buenos Aires para despertar la inteligencia embrutecida del hombre de los campos”.

Sarmiento declara: «Yo no he buscado jamás el progreso en esa base, ni la organización, tampoco. Ya nos la dieron Rosas; ya el experimento está hecho. Apoyado en los campos, con los caudillos, en los bandidos...»

"Con esta sociedad, pues, en que la cultura del espíritu es inútil o imposible, donde los negocios municipales no existen, donde el bien público es una palabra sin sentido, porque no hay público, el hombre dotado eminentemente se esfuerza por producirse, y adopta para ello los medios y los caminos que encuentra. El gaucho será un malhechor o un caudillo, según el rumbo que las cosas tomen en el momento en que ha llegado a hacerse notable (...) Lo que por ahora necesito hacer notar es que, con el triunfo de estos caudillos, toda forma civil, aun en el estado en que las usaban los españoles, ha desaparecido totalmente en unas partes, en otras de modo parcial, pero caminando visiblemente a su destrucción."



Sarmiento, protagonista de la primera grieta de la historia argentina


11/09/2015  
Clarín.comSociedad

"¿Qué habría pasado si en vez de elegir el Martín Fierro de José Hernández como nuestro libro nacional hubiésemos elegido el Facundo de Sarmiento? ¿Habría tomado otro curso la historia?" Con estas preguntas, Carlos Gamerro retrotrae el debate sobre el libro que mejor representa a los argentinos, una herida jamás cerrada para el narcisismo literario nacional. La discusión, que tuvo su punto más alto luego de los festejos del centenario, coronó en 1913 al Martín Fierro, y dejó al Facundo en un segundo lugar. La barbarie, pues, le arrebató para muchos los sueños civilizatorios a la Generación del 37.

En una revisión de esta famosa antinomia, la de civilización-barbarie, el novelista y ensayista expone por qué las tensiones entre uno y otro modelo de país han funcionado para explicar no sólo la literatura nacional, sino también los éxitos y fracasos de la Argentina: "Se trata también de ver cómo se leen ciertos textos y, sobre todo textos fundantes de la realidad: porque es sobre todo en estas lecturas que podemos medir cómo han impactado en nuestra realidad", explica a Clarín.


- ¿Podrías resumirme a qué modelos diferentes de Argentina responden el Facundo y el Martín Fierro?

- En principio, se los ha leído como ocupando dos términos de una oposición. Facundo sería una condena de la barbarie, con todo lo que ella implica (la vida rural, el gaucho, el indio, el federalismo, las montoneras) y el Martín Fierro sería una defensa de todo eso. Para Sarmiento, el gaucho sería malo por naturaleza; José Hernández se toma el trabajo de explicarle a Sarmiento cómo se hace un gaucho malo, y justamente propone que el gaucho en su relación armónica con el patrón es trabajador, obediente, no es peleador ni borracho. No caracteriza al gaucho libre, sino al que trabaja conforme, siempre dentro de las condiciones semifeudales de nuestra campaña. Son la ley y la justicia, las instituciones del Estado las que vienen a destruir esta armonía gaucho-patrón y convierten al gaucho honesto y trabajador en ese gaucho malo de Sarmiento. La barbarie es un subproducto de la intervención de la civilización en la vida rural. Eso es una contestación a Sarmiento.

"Hagamos como si la literatura fuera no solo muy importante, sino lo más importante del mundo; supongamos que de algunos libros escritos por una dispersa dinastía de solitarios dependen los destinos del país, las realidades en las que nos movemos (no solo morales y sociales, sino físicas y geográficas) y con todo ello nuestras vidas, y veamos qué ha resultado."

- ¿Y qué sucede en "La vuelta" del Martín Fierro?

- Ahí todo cambia. Cuando José Hernández escribe "La ida" están todavía peleándose las últimas batallas de las guerras civiles; si el gaucho no puede vivir en esta sociedad, se va a los indios. Pero eso se termina (las guerras civiles, y también los indios) y cuando publica "La vuelta" se llega a un arreglo: así como José Hernández se adapta al nuevo orden de cosas (convirtiéndose en senador y una parte integrante del nuevo establishment de la clase dirigente unificada), también Martín Fierro se resigna. La única objeción que le hace Hernández a Sarmiento y su Facundo es que no hay por qué prescindir del gaucho, sino que puede ser integrado a la sociedad. Y no reemplazarlo por el inmigrante como querían Sarmiento y el Alberdi de las "Bases".


- ¿Por qué el Martín Fierro se constituyó como el libro nacional y no el Facundo?

- El Facundo, de alguna manera, crea una imagen de país que luego se va a volcar en la realidad. Será llevada a la práctica por Mitre y Sarmiento, entre otros. Pone en marcha la dinámica de un país dividido, enfrentado consigo mismo. En este enfrentamiento que el Facundo construye, Sarmiento y su libro se ponen claramente en uno de los dos bandos. El Martín Fierro, en cambio, es un libro que está de los dos lados: más que tomar partido por uno de los dos bandos del conflicto que crea Sarmiento, está en ambos. 

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